Microbiota intestinal y cáncer: cómo puede influir en los tratamientos oncológicos

La microbiota intestinal es un ecosistema formado por billones de microorganismos que habitan en nuestro intestino. En los últimos años, ha pasado de ser considerada un elemento secundario a reconocerse como un posible modulador de la salud general y, también, de la respuesta a los tratamientos oncológicos.
La investigación actual sugiere que su equilibrio puede influir en procesos clave como la inflamación, la función inmunitaria y la tolerancia a determinados tratamientos contra el cáncer. En este contexto, la Dra. Rocío Temiño explica por qué su cuidado puede integrarse dentro de una estrategia global de salud durante y después de un proceso oncológico.
Qué es la microbiota intestinal
La microbiota intestinal está formada por bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que viven en el tracto digestivo. Lejos de ser simples "habitantes pasivos", participan en funciones esenciales como la digestión, el metabolismo, la producción de metabolitos beneficiosos, la regulación del sistema inmunitario y el mantenimiento de la barrera intestinal.
Cuando este equilibrio se altera de forma mantenida, se habla de disbiosis, un estado que puede afectar a estas funciones y favorecer un entorno menos favorable para la salud.
Relación entre microbiota intestinal y cáncer
La relación entre la microbiota y el cáncer es especialmente evidente en tumores del sistema digestivo, como el cáncer de colon o el de estómago, aunque también se ha observado influencia en otros tipos de cáncer como el melanoma o el cáncer de pulmón.
Una microbiota equilibrada contribuye a mantener una barrera intestinal más estable y una respuesta inmunitaria adecuada. En cambio, la disbiosis puede:
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Favorecer la inflamación crónica, un factor implicado en la progresión tumoral.
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Modificar la respuesta del organismo frente a la enfermedad y los tratamientos.
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Generar un entorno más favorable para ciertos procesos tumorales mediante la producción de metabolitos o compuestos proinflamatorios.
Además, la microbiota se estudia actualmente como un posible biomarcador, es decir, una herramienta que podría ayudar a estimar el riesgo o la respuesta a determinados tratamientos en el futuro .
Microbiota y respuesta a los tratamientos oncológicos
Uno de los campos más prometedores es su relación con la eficacia de la inmunoterapia. Diversos estudios han mostrado que la composición de la microbiota puede influir en cómo el sistema inmunitario responde a este tipo de tratamientos.
En este sentido, la disbiosis se ha asociado a una menor eficacia terapéutica o inmunorresistencia, es decir, a una peor respuesta al tratamiento esperado.
Un hallazgo relevante es que el uso de antibióticos antes de iniciar inmunoterapia se ha relacionado en algunos estudios con peores resultados clínicos, probablemente por la eliminación de bacterias beneficiosas implicadas en la modulación del sistema inmunitario.
Actualmente, la investigación también analiza cómo la disbiosis puede afectar a vías biológicas como el metabolismo de los ácidos biliares, la permeabilidad intestinal y la regulación inmunitaria. Comprender estos mecanismos es clave para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas.
En paralelo, se están estudiando posibles intervenciones para modular la microbiota, como cambios en la dieta, el uso de probioticos específicos o el trasplante de microbiota fecal. Todas estas estrategias están todavía en fase de investigación clínica .
El papel de la alimentación en la microbiota
La dieta es uno de los factores más importantes y modificables para mantener una microbiota diversa y funcional. Durante el tratamiento oncológico, el objetivo principal de la nutrición es asegurar un buen estado nutricional, cubrir las necesidades de energía y proteínas y prevenir la pérdida de peso o masa muscular.
Una alimentación basada en productos frescos y mínimamente procesados puede favorecer la salud intestinal. Entre los alimentos más recomendados se incluyen:
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Verduras y frutas: ricas en fibra y antioxidantes.
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Legumbres: fuente de fibra prebiótica.
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Frutos secos y semillas: aportan fibra y grasas saludables.
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Cereales integrales: contribuyen a la diversidad de la microbiota.
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Pescado, huevos y carnes magras: proteínas de alta calidad.
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Lácteos fermentados (yogur, kéfir): contienen microorganismos beneficiosos.
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Aceite de oliva virgen extra: con potencial efecto antiinflamatorio.
Por el contrario, un consumo elevado de ultraprocesados, azúcares simples y grasas de baja calidad puede favorecer la disbiosis y un perfil metabólico menos saludable.
¿Y la dieta cetogénica?
La dieta cetogénica es un patrón alimentario muy bajo en carbohidratos y alto en grasas que ha despertado interés en oncología por su posible efecto metabólico sobre las células tumorales.
Algunos estudios sugieren beneficios en determinados contextos, como mejoras metabólicas o posible sinergia con tratamientos como la quimioterapia. Sin embargo, la evidencia aún es limitada y, en modelos experimentales, también se han observado posibles efectos adversos, como la promoción de metástasis en ciertos tumores.
Por ello, no debe considerarse un tratamiento estándar ni realizarse sin supervisión profesional.
Cuidar la microbiota después del cáncer
Tras finalizar el tratamiento oncológico, mantener hábitos que favorezcan una microbiota saludable puede formar parte de una estrategia global de bienestar. Aunque no puede afirmarse que su mejora por sí sola evite recaídas, sí se asocia a un mejor estado general de salud.
En este sentido, la alimentación equilibrada, la actividad física regular, el seguimiento médico y unos hábitos de vida saludables siguen siendo pilares fundamentales.
Una línea de investigación con futuro
La microbiota intestinal se ha consolidado como un área de investigación clave en oncología. Su relación con la inmunidad, la inflamación y la respuesta a los tratamientos abre la puerta a estrategias más personalizadas en el futuro.
Aunque no sustituye ningún tratamiento oncológico, su cuidado puede contribuir a un mejor estado general del paciente y a una mayor tolerancia a los tratamientos.
Mensaje final
"Tanto en la prevención como en la lucha contra el cáncer, la alimentación juega un papel fundamental. No existe una dieta milagrosa, pero una alimentación equilibrada y basada en alimentos frescos puede ser una herramienta valiosa dentro del cuidado global del paciente. Cualquier cambio dietético durante un proceso oncológico debe ser siempre supervisado por profesionales sanitarios para garantizar su seguridad y adecuación individual."






